Si aceptamos que los primeros años de desarrollo de un niño en su entorno familiar son clave para su calidad de vida futura, entonces ¿porqué no reconocer, luchar y reivindicar una baja maternal-paternal indefinida para quien la quiera? Nos toca invertir en capital humano, destinar los avances sociales para que la especie mejore. ¡Qué mejor manera de hacerlo que garantizando que los peques crezcan junto a sus padres y madres durante unos años!

De cara a invertir en lo social que una madre esté tranquila y con tiempo para dedicar a sus hijos no es algo trivial. Impediríamos una escolarización temprana y por lo tanto, una cantidad importante de presión que sufre el niño para adaptarse a las exigencias sociales. También esos niños crecerían los primeros años de su vida en un entorno seguro donde poder afianzar sus necesidades de atención más básicas. De esta manera, reforzar su sentimiento vital y garantizar que sea un futuro adulto que se preocupe y ocupe del bienestar de las personas que le rodean. A su vez del propio entorno. Esta baja maternal ha de ser indefinida porque es el niño el que decide cuando está preparado para dar el siguiente paso. Todos los gastos corren a cargo del gobierno que en ese momento tenga que tomar la decisión. ¿Cómo? Dejando de invertir cantidades desbordantes de dinero y por lo tanto favorecer o colaborar en la creación de una cultura militarizada, patriarcal, negadora de lo humano y basada en un consumo excesivo. 

No debemos tomarnos la baja maternal-paternal como un capricho o un derecho sino como una necesidad, como una prioridad para reconectar con la totalidad del potencial humano. La vida laboral puede esperar. Centrar gran parte de la energía de las luchas sociales en la adquisición de esta necesidad supondría un gran avance en aspectos  socio-políticos.