Cuando hablamos de la imagen del niño, ¿a qué nos referimos exactamente? Es difícil de definir pero sabemos que existe una imagen que cada uno de nosotros, como adultos que somos, elegimos para relacionarnos con los niños. Cada adulto se hace una idea de lo que es la infancia y en función de esa imagen se relaciona con los peques.

El niño mirado como alguien a quien tengo que enseñar porque aspira a ser como yo. Mirado también como alguien que está continuamente confrontando sus necesidades frente a las mías. El niño como sujeto al cual hay que dirigir hacia un futuro ya creado por adultos, lo que le obliga a adaptarse a unas exigencias sociales impuestas por estos, condicionando de esta manera su presente por miedo o expectativas de cara a un futuro incierto. La infancia como un periodo casi enfermizo que tiene que pasar pronto para llegar a la meta de hacerse adulto.

Las chiquilladas tienen fama de ser acciones insensatas o poco reflexionadas. Portarse como un niño suele vincularse a conductas adultas cuestionables.

En cambio, existe otro mirar. Un mirar respetuoso con los procesos de vida y de autorregulación de los peques. Un mirar que pretende proteger afectivamente la infancia. Un mirar que admira y respeta la infancia, un niño dependiente pero con tendencia a la autonomía, constructor del adulto, capaz de mejorar las vidas adultas con las cuales convive, responsabilizarse de las consecuencias de sus decisiones, activo en la vida social, capaz de aprender solo todo aquello que le interesa y, por último, el medio que la naturaleza ha elegido para regenerar la comunidad humana. Como dice Maria Montessori el niño siguiendo su guía interior se dedica a aquello que le da serenidad y alegría.

El niño es un sujeto en continuo cambio. Tiene su propio universo que nosotros como adultos podemos respetar.

Es clave que la infancia se alargue y se cuide, que, como adultos que somos, mejoremos la imagen que tenemos de los peques y empecemos a relacionarnos con ellos en función de esa nueva imagen.

Los procesos de autorregulación de la infancia, sus modos de convivencia, traen entornos saludables para el crecimiento de las culturas humanas.