Cofundador junto a su mujer Marién Fuentes del ambiente educativo Ojo de Agua

 

Hola Javier, quiero agradecerte de corazón que hayas aceptado realizar esta entrevista. Para mí es un honor contar contigo. Tu presencia en este blog me parecía relevante por el trabajo que estás realizando en Ojo de Agua, el cual admiro mucho. 

Si te parece, ya que lo he nombrado, podríamos empezar por ahí, porque nos comentes qué es para ti Ojo de Agua

Ojo de Agua es un sueño, un sueño que estamos viviendo mi esposa, Marién, y yo junto a un creciente grupo de familias en un lugar en el que los niños y jóvenes tienen la oportunidad de buscar dentro de sí las respuesta a las preguntas esenciales de la vida, como “¿quién soy?” o “¿cuál es mi papel -o mi misión- en este vida?” Para ello hemos creado un entorno que favorece las condiciones para la búsqueda interior y, en consecuencia, la emergencia del deseo y el interés. Un lugar en el que aprendemos a convivir juntos en relaciones respetuosas con el otro, aunque el otro sea diferente, piense diferente, sienta diferente. Todo esto se produce en un contexto en el que demostramos cada día que podemos desarrollarnos como seres humanos y no destruir la vida alrededor, sino -al contrario- favorecer la emergencia de vida, el fortalecimiento del ecosistema del que dependemos; un entorno ecológico, sostenible, cero emisiones.

¿Cuál es tu trayectoria, personal y profesional, para terminar creando junto a tu compañera los ambientes de Ojo de Agua?

Cada uno de nosotros tenemos ciertos talentos; con frecuencia, estos talentos los mostramos desde jóvenes: En nuestro caso, esos talentos eran, en mi caso, una cierta sensibilidad hacia los niños y, en el caso de mi compañera, un respeto profundo por la vida y la naturaleza. Ciertas experiencias vitales nos condujeron a elegir conscientemente una vida juntos que tuviera sentido, que tuviera significado. Así iniciamos un camino que no sabíamos hacia donde nos conduciría; solo sabíamos que el rumbo de nuestra trayectoria estaba guiado por nuestros corazones. El nacimiento de nuestra primera hija hizo el resto, definió el motivo de nuestras vidas y nuestra misión: germinar y cultivar un paraíso para los niños y los jóvenes. Vivimos las experiencias de parir y criar, investigamos y viajamos a diversas partes del mundo para conocer experiencias que sintonizaban con nuestras intuiciones y, finalmente, creamos un pequeño lugar donde fuimos aprendiendo el trabajo de la conciencia, del respeto, del cuidar y acompañar los niños y jóvenes en sus procesos de desarrollo vital.

Seguro que a lo largo del tiempo se han sucedido las anécdotas, pero ¿recuerdas alguna de los primeros años de experiencia?

Creo que la historia del nombre de ojo de agua será significativa de cómo, como decía Mauricio Wild, “si lo que haces está conectado con la vida, la vida te lo da todo -aunque a veces solo lo justo- para que salgas adelante”. Con nuestra primera hija en los brazos, casi recién nacida, María Alarcón, la partera que nos acompañó en el proceso de la preparación al parto, durante el parto y en un postparto de casi un año, nos propuso “hacer una escuela alternativa” y sugirió que su nombre fuera “ojo de agua”, una expresión latinoamericana que significa “fuente o manantial”. Tres años después, ya embarcados en la tarea de crear ojo de agua, decidimos buscar un terreno para ubicar el proyecto, pues la casita de campo en la que comenzamos no cumplía unas condiciones suficientes para que el proyecto creciera y tuviera continuidad. Así que, durante un año completo, nos dedicamos a buscar el lugar, un trabajo en sí mismo. Todas las semanas escudriñábamos los anuncios en las revistas comarcales o en las inmobiliarias y visitábamos terrenos por todos los pueblos de la comarca, hasta que dimos con uno que cumplía tres requisitos: estando en plena naturaleza, estaba cerca del casco urbano del pueblo, por lo que los y jóvenes podrían venir caminando o en bicicleta con facilidad; era bastante llano y amplio y, en tercer lugar, tenia bastante diversidad de arbolado, pues lo que más encontrábamos era campos de naranjos, monocultivos con la tierra desnuda, ni una hierba, contaminada de fertilizantes químicos. Estos terrenos, por el contrario, parecían abandonados, sin trabajar (una ventaja para nosotros, pues eso significaba que la tierra no estaría tan contaminada); había pinos, olivos viejos, almendros y unos algarrobos que llamaron poderosamente nuestra atención. Finalmente, nos decidimos por este lugar. Con el tiempo, otro año más, comenzamos los papeleos para pedir permisos de obras y pasamos mucho tiempo en el ayuntamiento donde, en una ocasión, encontramos un folleto que promocionaba el pueblo de Orba como destino turístico. En él se decía que el nombre de Orba, en tiempos de los iberos, era Ur-obia, que significa “agua que sale de la montaña”, el mismo significado con el que María, la partera, bautizó, años atrás, nuestro proyecto. Una coincidencia. O, quizá, Carl Gustav Jung, dijera mejor, una sincronicidad.

Cuento esta anécdota porque es muy significativa de lo que significa nuestra vida y nuestra dedicación. Hemos aprendido a seguir el rumbo que marcan nuestro corazones, nos dejamos guiar por lo que la vida nos trae y confiamos en la vida. Aunque también utilizamos nuestra cabeza para superar los obstáculos en la ruta que marca el rumbo del corazón y nuestras manos, con un tesón y una determinación firmes en la consecución de nuestros objetivos. El corazón es el que manda, pero de nada nos sirve sin la razón y el trabajo.

¿Quiénes han sido tus referentes, de quién has aprendido?

Hay tantos maestros, tantas personas que están aportando conocimiento y sabiduría en este mundo… A veces vemos ojo de agua como un eslabón más en la cadena histórica de la educación, nos sentimos herederos de tantos y tantos pedagogos, filósofos, maestros. Pero, con honestidad, de quienes más aprendemos es de las personas con las que nos relacionamos y convivimos, los niños y los jóvenes a los que acompañamos, las madres y padres con quienes compartimos un sueño que no siempre significa lo mismo para todos; de las compañeras de nuestros equipos que contribuyen día a día a crear la realidad que es ojo de agua. Posiblemente, todas estas personas anónimas, que no han escrito libros, que no son reconocidas más allá de sus ámbitos de relación personal han sido de las que más hemos aprendido porque, al fin y al cabo, nuestro trabajo se concreta en relaciones con personas y es en estas relaciones concretas con esas personas concretas donde se produce el aprendizaje real y concreto cada día.

Disponéis de una bibliografía muy completa y ordenada. De hecho, cuando alguna vez nos preguntan por bibliografías les remitimos a vuestra web. Aprovechamos vuestro trabajo con mucho gusto y confianza.¿Si tuvieras que destacar 7 autores quienes serian?.

En el ámbito de la ciencia, Fritjof Capra, un sabio renacentista de conocimientos enciclópedico y visión sistémica; en el ámbito de la filosofía, Jiddu Khrisnamurti, un referente moral, un líder que renuncia a todo el poder expresamente dispuesto para él y que decide  liderar desde la humildad; en el ámbito de la praxis educativa, Rebeca Wild y Danny Greenberg, valientes pioneros de la confianza en la sabiduría de los niños; en el ámbito de la biología, Rupert Sheldrake, un hereje de la ciencia condenado a la hoguera por la prestigiosa revista “Nature”; en el ámbito de la ecología, Satish Kumar, un hombre sencillo y, paradójicamente, un gigante; en el ámbito del compromiso, Nelson Mandela, cuyo coraje, determinación, valentía y compasión han hecho de él un icono mundial… y tantos otros más.

¿Cómo os organizáis los adultos que convivís con niños y niñas durante las mañanas?

Procuramos que todos los adultos acompañantes conozcan a todos los tipos y jóvenes y viceversa que todos los niños y jóvenes conozcan a todos los adultos acompañantes. El propósito es crear un entorno -no solo material, sino también relacional- que sea lo más doméstico posible, de modo de uno se sienta “como en casa”. Los adultos rotamos por diversas áreas y zonas.

¿Tenéis algún tipo de actividad por las tardes, tipo reuniones informativas con las familias del proyecto?

Las tardes dedicamos al desarrollo de proyectos, a la administración, al mantenimiento y a conversaciones con las familias.

¿Cómo es la relación con las familias?

Consideramos que la familia es el ecosistema más esencial para el desarrollo físico, emocional, intelectual, social y espiritual de los niños y jóvenes. Por eso, en nuestra perspectiva es crítico que las madres y padres estén conscientes de la importancia de sus relaciones. Mantenemos reuniones grupales y particulares con las madres y padres, o, incluso, con uno solo de ellos, si se requiere. A quienes nos lo confían, les acompañamos en sus procesos personales, pues hemos aprendido que -hasta una cierta edad- los procesos internos de las madres y padres, se ven reflejados en los hijos, ya sea en somatizaciones, patrones de relación,… El hijo no es sino un “emergente” de la red de relaciones familiares, incluyendo otras generaciones anteriores. Este tipo de acompañamiento sólo se da cuando es solicitado por la familia y tiene relación directa con el hijo/a. Además, contamos con las madres y padres para contribuir a la satisfacción de los intereses de los niños y jóvenes. Contando con todos, nuestro equipo cuenta con más de veinticinco personas en más de cuarenta y cinco actividades semanales, al final de esta mismos temporada (un proceso dinámico que va cambiando). Esta participación, en la que las madres y padres, comparten sus conocimientos, habilidades, destrezas o pasiones estrecha los vínculos entre las familias y el proyecto, entre los padres y el equipo, y se da una comunidad de la que todos nos beneficiamos. Si bien es cierto que no toda madre o padre puede estar capacitada para acompañar  a niños y jóvenes, pero todos podemos aprender, si tenemos voluntad y humildad para ello.

¿Crees que cargar este tipo de proyectos con excesiva teoría puede desvirtuar la idea de que todos y todas estamos constituidos para amar y cuidar? Quiero decir, algo tan natural como cuidar de nuestros peques, en ocasiones, se convierte en algo exclusivo de algunos elegidos. Al menos, me da a mí esa sensación. Viendo la cantidad de profesionales y asesores que existen en este mundo. Nosotros en Korti estamos inmersos en esta reflexión, intentando rebajar la carga teórica del proyecto. No tanto de cara a la formación interna, sino, a la expresión de las ideas que transmitimos.    

Cuidar de los niños es algo para lo que todos estamos preparados de forma natural. Si bien es cierto que, debido a las predisposiciones y a los condicionamientos de la biografía emocional de cada persona, no todos los adultos están preparados para ello. Y con esto me estoy refiriendo no tanto a la “instrucción” de los niños y jóvenes como a la “educación” de los mismos. José Saramago dedicó el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura a sus abuelos, ambos analfabetos, pero que abrazaban los árboles. Salish Kumar, siempre menciona en sus discursos públicos a su madre, también analfabeta, pero que hizo caer en la cuenta de que el Buda se iluminó, a la sombra de un árbol y, así, aprendió que la naturaleza es nuestra mayor maestra.

Todos tenemos capacidad para amar. Los niños y los jóvenes son una oportunidad para crecer como personas, aprender y desplegar nuestra capacidad de amar. Pero amar no significa decirles a los niños “mi amor” o “corazón”, amar es compartir desde lo más auténtico de tu corazón, sin miedo a ser tú mismo y con la humildad necesaria para aprender de los demás.

Es, esencialmente, en este sentido en el que las madres, los padres y las y los acompañantes tenemos que estar más maduros, más formados, más atentos, más conscientes. Es un proceso en permanente cambio y nunca acabado, nunca terminado, siempre en proceso de afinar la mejor versión de sí mismo.

¿Cuál es vuestra relación con Sudbury Valley School? Tengo entendido que habéis hecho la edición del libro “Por fin, libres”. Por cierto, que es un libro que cuanto más leo más me gusta. Me pasa un poco como con los libros de Rebeca Wild, que me encantan. Cuéntanos Javier, ¿cómo ha sido esta aventura?

Cuando estábamos en el proceso de encontrar un lugar en el que poder vivir una experiencia de traer al mundo la vida que hablamos germinado nos encontramos con una mujer ecuatoriana psicóloga formada con Eva Reich, la hija de Wilhem Reich, que -además- acumulaba todo el acervo de conocimiento indígena sobre el parto. Fue ella quien nos habló de comenzar una “escuela alternativa” y de un lugar llamado “Pesta” y que podíamos cartearnos con Mauricio. Meses después, en una librería especializada en educación, cuando esperábamos la cola para pagar una pila de libros sobre educación, llamó nuestra atención un libro en la mesa de novedades. Era “Educar para ser”, la obra de Rebeca Wild. Lo cogimos, leímos la contraportada y la solapa y tuvimos la impresión de que este libro hablaba -precisamente- de la experiencia que María Alarcón, la partera ecuatoriana, nos había mencionado. Lo sumamos a la pila, pagamos y nos volvimos a casa. Aquella noche comenzamos a leerlo y no pudimos parar. La emoción nos embargaba porque lo que allí se relataba era algo tan similar, tan cercano a nuestros sueños… Decidimos tomar contacto con “El Pesta” y les escribimos una carta, pero no teníamos la dirección postal (en aquel entonces, 1999, prácticamente nadie tenía acceso a internet o a un correo electrónico). Deduciendo algunos datos, enviamos una carta invitándoles a venir a España en el marco de su gira anual europea. Algunas semanas después, recibimos la respuesta y no pudiendo venir, decidimos nosotros visitarles en el Ecuador durante tres semanas. Después, ya vinieron a España por primera vez y, durante, más de 10 años, tuvimos el privilegio, junto con otros, de organizar sus seminarios. Cuando estábamos en el cenit del entusiasmo por el pasamos que El Pesta significaba para nosotros, Lola, una mujer que practicaba homeschooling, nos regaló un libro, afirmando que  “el colegio de sus sueños”. Era la versión en inglés de “Por fin, libres”. Nuevamente, comenzamos un proceso de investigación profundo sobre su modelo, lo visitamos y participamos en algunos encuentros en Europa e, incluso, en España. Es otro referente que hemos querido aportar como semillas de la evolución radical que necesita, a nuestro juicio, la educación.

No sé si sueles pensar en el futuro de Ojo de Agua… En caso de ser así, ¿cómo te lo imaginas?

No solemos pensar en el futuro a largo plazo. Hemos aprendido con el tiempo que ojo de agua es producto de la vida y, como tal, tendrá un nacimiento, un desarrollo y acabará, necesariamente, muriendo. En nuestra dedicación y convivencia con los niños y niñas hemos aprendido a vivir el presente (lo que no quiere decir que no seamos capaces de prever el futuro). Ojo de agua ya ha crecido todo lo que le permite su espacio físico, esto es, podemos atender y acompañar a un número limitado de familias. Sin embargo, vemos la necesidad y la importancia de extender y hacer más conocida y accesible  nuestra propuesta de relación “educativa” a más personas, por lo que nos planteamos contribuir a inspirar y apoyar a cuantos proyectos e iniciativas crean que nuestra experiencia pueda servirle de utilidad. No creemos en la realización y la copia, sino en la inspiración y en la diversidad de opciones. Todos los pinos aun siendo iguales por ser pinos, son distintos por ser singulares. La biología nos enseña que la diversidad es la mayor fuente de evolución de la vida sobre el planeta. Los ecosistemas que albergan más diversidad son los ecosistemas más fuertes, más resilientes. Y esto vale también para nuestras prácticas culturales, incluyendo la educación, por supuesto.

Me gustaría, si no te importa que definieras unos conceptos:

Familia.

El ecosistema más esencial para el desarrollo físico, emocional, intelectual, social y espiritual de cualquier persona.

Amor.

Amor es agua. Sin agua no puede haber vida; tampoco sin el amor.

Juego.

La herramienta más importante en el proceso de integración de la cultura en el desarrollo de los y jóvenes. Sabiduría innata, ancestral, absolutamente infravalorada.

Cultura.

El contexto que limita nuestra expresión como seres humanos en tanto que necesitamos vivir junto a otros; dependiendo de a qué intereses sirva, así podrá resultar una limitación enriquecedora  y que favorezca la mejor versión de sus partícipes o, por el contrario, una limitación castradora.

¿Qué es para ti la infancia? Y ¿qué crees que se necesita para mejorar su calidad de vida?

La infancia es el periodo de la vida que conforma la base del desarrollo posterior. La infancia son los cimientos de tu biografía, de ella depende, en gran medida, una gran parte de tus vivencias ulteriores, de tus elecciones, de tus afinidades,…

Creo que lo que más necesita la infancia es amor incondicional, respeto por sus necesidades, confianza en su sabiduría y un acompañamiento respetuoso pero firme por parte de los adultos que los rodean.

Entre todas las necesidades infantiles que has descubierto en tu convivencia con peques, ¿cuál destacarías?

El amor es lo que más necesitamos todos. Si somos amados de manera incondicional, tendremos suficientes recursos personales (empatía, resistencia, tenacidad,…) para lograr vivir la vida que imaginamos, aunque no siempre el camino sea el que deseamos. Amar de forma incondicional es amar sin juzgar, pero no es amar sin límites.

¿Cómo fue tu infancia?,  ¿consideras que está influyendo en tu vida adulta?

Como mencioné antes, la vivencias de la infancia influyen en la vida posterior. Mi infancia transcurrió en una buena parte entre el colé y la calle en una barrio central de una gran ciudad, una calle peligrosa en la que se podía jugar o estar solo. Mi madre tuvo la buena idea de apuntarme a un grupo “scout” y aquellas vivencias en la naturaleza fueron extremadamente importantes. Recuerdo el tedio del colegio, la tensión de los exámenes, la dureza de mi madre, la ausencia de un padre siempre ocupado, jugar infatigablemente solo, con mi hermano, con mis primos, con amigos… Si tuviera que elegir  algo de mi infancia que aún pervive es la capacidad para jugar, vivir jugando.

¿Qué te atrae de los peques, de los niños y niñas?

La esperanza que leo en sus ojos cada día. La ilusión de vivir cada momento. La intensidad de las emociones y las vivencias.

¿Qué has aprendido en todos estos años de relación con niñas y niños?

Que, cada vez, sé menos; que los seres humanos -en realidad, la vida- es extremadamente compleja y creo que nunca podremos alcanzar a comprenderla en su totalidad; que debo seguir aprendiendo sin cesar, nunca dejar de aprender.

Muchas gracias Javier por haber respondido a mis preguntas.